| Segunda parte : De la sumisión a la distinción |
La sumisión Según una fuerte proporción de los
entrevistados,"hubo antaño una identidad negativa, los
bretones han tenido vergüenza de si mismos, pero es pasado, se
ha acabado." Generalmente, son hombres quienes pronuncian este tipo
de palabras. Este comportamiento de sumisión simbólica puede igualmente estudiarse comparando la manera en la que son tratados los tópicos difíciles de llevar, como la imagen del "bretón borracho" o la del "bretón testarudo", según el origen socioprofesional, el sexo, o el origen de las personas interrogadas.
La identidad negativa permanece, así pues, como un estrato en las conciencias. Sin embargo, actualmente -la mayor parte de los entrevistados lo han dicho-, es más bien muestra del pasado. La inversión simbólica y sus trampasLos Bretones han tratado de transformar lo que, en la imagen de si mismos, les era intolerable. Tomaremos dos ejemplos de esta lucha contra las representaciones negativas : la agricultura y la lengua bretonas. Son, ciertamente, dos casos muy diferentes, pero en cada uno de ellos hombres y mujeres combaten contra una imagen negativa, y en cada uno de ellos, igualmente, están enfrentados a trampas. Una agricultura moderna.Las novelas francesas del siglo XIX daban de los agricultores bretones una imagen negativa y arcaica. Desde la segunda guerra mundial, estos últimos se han esforzado para llegar a aumentar su productividad y para hacer la agricultura bretona de alto rendimiento. La producción agrícola final en Bretaña ha efectuado, de los años sesenta a los años noventa, un salto hacia adelante impresionante, manteniendo una densidad rural elevada y un tejido social sólido en los campos bretones. En el contexto de paro que conocemos en la actualidad, es un triunfo precioso. Sin embargo, a pesar de estos progresos considerables, que han subido a la agricultura bretona a la cabeza de la agricultura europea, los agricultores bretones han sido cogidos en dos trampas. Por una parte, se encuentran enfrentados con una crisis de superproducción europea y mundial que les debilita, disminuye sus rentas y fragiliza sus explotaciones. Y, por otra parte, se encuentran enfrentados con una crisis de naturaleza ecológica con, en particular, una fuerte concentración de nitratos en las aguas de Bretaña. Así pues, al querer luchar por su dignidad y para modernizar su instrumento de producción, los agricultores bretones se han encontrado atrapados. Y tanto más cuanto que en la época en la que eran presentados como "arcaicos", el mito dominante era "la razón", que se tenía tendencia a divinizar. Y ahora que se han presentado como productivistas, ya no se jura más que por la naturaleza inmaculada ! Así pues, los agricultores bretones están retrasados en una moda. Una lengua moderna.
El combate llevado a cabo en favor de la lengua bretona -de manera comparable al esfuerzo de modernización de la agriculturaha dado resultados. Así, cuando en 1976 ningún niño bretón recibía formación bilingüe, en 1997. son 3.000 alumnos quienes se benefician de tal formación, a los que conviene añadir 19.000 alumnos que reciben, fuera de la rama bilingüe, cursos de bretón. Además, la lengua bretona gana en visibilidad social : señales de tráfico en lengua bretona son colocadas a la entrada y a la salida de las ciudades. Se han efectuado, pues, innegables progresos. Sin embargo, la práctica de la lengua en la población continua hundiéndose de un año para otro. Además, uno se da cuenta de que los medios sociales que emplean habitualmente la lengua bretona (agricultores, marinos, obreros), no meten a sus hijos en escuelas bilingües. Estas últimas son, sobre todo, frecuentadas por hijos de ejecutivos o de clases medias, que no practican tradicionalmente el bretón pero lo aprenden a veces a título personal. Esto prueba que se ha producido una especie de fractura ; y las conversaciones a las que he procedido lo confirman : a menudo, en efecto, los hablantes de bretón como lengua materna no ven en absoluto por qué razón se ponen señales bilingües a la entrada y a la salida de las ciudades. Tienen incluso dificultad en comprender la lengua que es empleada por los nuevos hablantes de bretón. Así pues, la paradoja es que las gentes que han luchado por la lengua bretona corren el riesgo, al querer revalorizarla, de meter aun mas en sus complejos a los hablantes de bretón como lengua materna ! He oído, en efecto, más de una vez a buenos hablantes de bretón decirme : "Nosotros no comprendemos bien las emisiones en bretón en la televisión, pero es porque debemos hablar patois." Así, el combate por la inversión simbólica está lleno de trampas. A pesar de éstas, sin embargo, la identidad tiende a convertirse, desde hace algunos años, en un verdadero recurso. La identidad, un recurso fecundo ?
Esto puede desembocar en nuevas alianzas. La patronal bretona
está examinando seriamente la cultura y la identidad
bretonas. Esa atracción generalizada por la identidad bretona, sin embargo, no es el signo de un encierro, de un repliegue tribal ?
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