La identidad bretona - Conclusión

     No es solamente por su historia, incluso muy contemporánea, que la cuestión bretona es universal : se inscribe en un contexto mundial de crisis de la modernidad fundada en la Razón universal, y de reflexión sobre el futuro. Francia, uno de los países del mundo que ha ido más lejos en la negación de las tradiciones y de las minorías, constata hoy que su modelo de integración republicana está en un callejón sin salida :

     "El modelo republicano", escribe Alain Touraine,"no empuja ya a los países hacia un futuro escogido por todos en nombre de los valores de libertad, de igualdad y de solidaridad ; defiende los intereses adquiridos y, sobre todo, el poder exorbitante de los gestores administrativos y, a veces, sindicales que defienden, en nombre de las reglas generales, las categorías más centrales…"

     Ahora bien, es interesante observar que en Bretaña, a pesar de la aculturación forzada que este modelo de integración ha producido durante siglos, sigue persistiendo una originalidad. Por una parte, la lengua bretona es aun hablada por varios cientos de miles de personas, aunque su huella se difumine rápidamente. Por otra parte, una minoría activa no despreciable produce una cultura (lingüística, musical, coreográfica, etc.) renovada y adaptada a la vida contemporánea. Y, sobre todo, la mayoría de los bretones están de ahora en adelante orgullosos de su diferencia, aunque esta última sea muestra ahora más de la imagen mental o de una creación constante que de la tradición inmemorial. Por último, la originalidad bretona se expresa de manera pacífica, sin rastro de odio o de voluntad de ruptura : los Bretones no están crispados por su identidad.

     Sucede de otro modo en una parte de la intelligentsia francesa que soporta mal que su cultura ya no constituya un modelo universal. Frente al mundo anglosajón, se retrae sobre la defensa de su "identidad" cultural, que dice excepcional. Y frente a las culturas que viven sobre su territorio, está recorrida de sobresaltos : "las pasiones", escribe en efecto Michel Wieviorka,"explotan, entre los intelectuales, tan pronto como se pronuncian palabras tales como "diferencia cultural","multiculturalismo","minorías"…" Francia es, añade,"un país al que asusta la idea [de un empuje de las identidades particulares] y que, de manera más general, se siente amenazada en su lugar cultural en el mundo…" Para evitar el ascenso de los peligros -ya se trate del populismo, del repliegue de las comunidades sobre si mismas, o de un neoliberalismo desmedido, convendría, sin embargo, dar pruebas de buena fe : no es cierto que Europa y Francia tengan que escoger entre el universalismo y el retorno a las tribus. Como escribe Alain Touraine,"el multiculturalismo no es el adversario del universalismo europeo ; es la otra cara."

     Y, más bien que cada uno defienda con uñas y dientes su "identidad", no sería preferible abogar por el respeto a la alteridad ? No es simplemente un cambio de palabra : la identidad no es más que una ficción, lo hemos visto ; ahora bien, toda sociedad fundada sobre una ficción recurre a la mentira. Es, por lo demás, lo que escribe Renan :

     "El olvido, y yo diría incluso el error histórico, son un factor esencial de la creación de una nación, y es así como el progreso de los estudios históricos es, con frecuencia, para la nacionalidad un peligro. La investigación histórica, en efecto, vuelve a sacar a la luz los hechos de violencia que han pasado en el origen de todas las formaciones políticas, incluso de aquellas cuyas consecuencias han sido las más beneficiosas."

     La alteridad, en cambio, no es una ficción. Al contrario, como escribe Paul Ricoeur, es "inherente a la idea misma de pluralidad humana". La alteridad es "lo que es otro que uno mismo. […] En este sentido, la alteridad es más una relación que un concepto propiamente dicho." Se sabe bien que las luchas de liberación nacional que están basadas en el principio de identidad no son, desgraciadamente, liberadoras más que hasta a lo que conducen. Después, conforme al principio que las anima (defender la identidad es promover lo Mismo), se vuelven opresivas para con el Otro interior. No queda dicho, desde luego, que un combate llevado a cabo en nombre de la alteridad no conduciría a tales fenómenos de dominación. No obstante, esta última entraría en contradicción con el principio de alteridad.

     Actuar y razonar en términos de alteridad implica, sin embargo, soluciones políticas diferentes a las estatales. Ahora bien, no es esto precisamente lo que exige el contexto contemporáneo ? Edgar Morin muestra en Terre-Patrie (Tierra Patria) que, en todas partes en el mundo, existe hoy una verdadera toma de conciencia de la comunidad de destino terrestre. No podemos más que felicitarnos de ello.

     Si Francia y los otros Estados que se dicen naciones aceptaran -imaginémoslo por el espacio de un instantedescrisparse un poco y reconocer verdaderos derechos colectivos a sus minorías ; mejor aún, si instancias supranacionales -tales como Europa- llegaran a ejercer una soberanía política y reconocieran tales derechos fundados en el respeto a la alteridad, no se puede considerar que las minorías se contenten -como lo hace la Cataluña española, por ejemplocon disfrutar de la plenitud de sus derechos, sin necesariamente procurar combatir a los Estados, o crear nuevos Estados ? Esto llevaría, se ve bien, hacia una forma de federalismo, contraria a las costumbres francesas. Francia, sin embargo, escribe Jean-Louis Quermonne, "no puede permanecer sorda a las transformaciones que se operan sobre su territorio. Ahora bien, ya no encontrará en la caja de herramientas de la descentralización los medios de responder a ellas."

     Los Bretones, que no se dicen siquiera autonomistas, no parecen, ciertamente, constituir un peligro para el Estado francés hoy. Pero esperan más consideración para su singularidad cultural y más prerrogativas económicas. Ahora bien, escribe Ismaãl Kadaré,"los pueblos no esperan nunca en vano, como esperan aquellos que se quedan soñando sobre el escalón de su puerta. Cuando un pueblo espera algo, está formando lo que espera."


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